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miércoles, 7 de enero de 2009

¡Cervecéame!

Yo no soy un alcohólico. Soy un bebedor social.

La sutil diferencia entre ambos conceptos radica en que, mientras el primero bebe solo, el segundo lo hace en compañía de otros.

Lo hago para facilitar mi socialización, para mejorar mi relación con los demás, para estrechar lazos con mis más allegados y ampliar mi círculo de amistades. Lo hago, en definitiva, para deshinibirme. Si bien es cierto que existen otros métodos para afianzar una amistad, ésta es, sin duda, la más rápida y eficaz. Nada mejor que una buena tajá en compañía del que hasta unas horas antes era tan sólo un conocido, o quizá hasta un absoluto desconocido, para poder integrarlo en la categoría de 'amigos'.

Pero ojo, ya que si bien una moderada cantidad de alcohol facilita todo el proceso, tal que un bote de vaselina en una experiencia anal, un exceso en la cantidad de alcohol ingerido conlleva, inexorablemente, la destrucción de todas tus amistades pasadas, presentes y futuras. El secreto, siempre, está en la moderación.

PS: Celia, la cerveza nunca será un brebaje nauseabundo.

lunes, 5 de enero de 2009

Clerks II

Tengo tantas películas preferidas, que quedarme con tan solo una de ellas me resulta estúpido.

Una de tantas que me han agradado, dentro de su género y acorde a su época, es Clerks II, casi más que la primera parte.

Aquí un pequeño extracto de uno de los mejores gags de todo el metraje. Pero hay muchos más.

sábado, 3 de enero de 2009

Sólo un día más

Otro año que se va, uno nuevo que llega. Otro calendario de pechugas que queda inservible.

Y cada vez que mastico las uvas, me llega el mismo pensamiento de siempre. Año tras año. 'Sólo es un día más, Pablo'.

Para mí, carece de importancia. Ya lo dice mi subconsciente, 'sólo es un día más'. Con su amanecer, su zénit solar, su atardecer, su ocaso y su fría noche festiva. Pero lo hace especial el hecho de que en 1582 el calendario gregoriano viniera a sustituir al defenestrado calendario juliano. E hizo coincidir precisamente este día cualquiera, con su sucesión temporal de acontecimientos diarios, fruto del movimiento de rotación de la Tierra sobre sí misma de 24 horas de duración, al que llamamos día, con el 31 de diciembre, el último de nuestro actual calendario.

Pero un calendario no es más que la manera que hemos ideado para organizar días dentro de años, los cuales hemos dividido a su vez en 24 horas de 60 minutos de 60 segundos. Es nuestra concepción del tiempo, nuestra manera de hacer estimaciones sobre algo tan abstracto, tan indefinido en sí mismo, que ni siquiera existe realmente, salvo en nuestra mente.

Y celebramos la pérdida de cada año. Como si tal cosa. Cada segundo de nuestra vida que dejamos atrás, ya nunca volverá. Y el contador no se detiene nunca.

Un hombre vive, aproximadamente, 78 largos años. Con suerte y buena salud quizá algunos más. Eso son 28.470 días. En horas, 683.280. En minutos, 40.996.800. En segundos, 2.459.808.000. ¿Parece mucho? Pues cada instante que pasa, cada segundo, como un suspiro, te acerca inexorablemente a tu fin. Y aún así lo celebramos.

Ésta es la única vida que tendremos, así que más vale que le saquemos partido. Mi único deseo para todos vosotros, tanto para este año como para los venideros, así como para cada instante que os reste por vivir, es que seais realmente felices.

Recordad que el contador no se detiene nunca, y vivid de acuerdo a lo que os dicte tanto la razón como el corazón, pues de no escuchar a ambos, vuestra vida estará destinada a ser tan solo una pérdida de tiempo.

martes, 30 de diciembre de 2008

Tienes un mensaje divino sin leer

Probablemente Dios no existe.
Deja de preocuparte y disfruta la vida.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Suddenly Lucy

De nada serviría negar que me sentí profundamente atraído por ella.

Su mirada lasciva me hizo estremecer. Sus insinuantes formas, cubiertas de delicada feminidad y salpicadas de una enorme sensualidad, despertaron mi deseo, mis instintos más primarios.

A pesar de su edad, 3,5 millones de años, aún resplandecía, eternamente joven y bella.

Se llamaba Lucy, y nuestras miradas se cruzaron por primera vez en el Museo de Historia Natural de Oxford.

Por supuesto, se trataba de una reproducción del homínido más antiguo hasta ahora descubierto por el Homo Sapiens Sapiens, una joven Australopithecus Afarensis de 20 años de edad en vida y que supuso, en teoría, el paso de los homínidos desde la vida en los árboles hasta la vida en tierra firme.

La verdad, lucía radiante, a pesar de ser un maniquí peludo de tan sólo un metro de altura. Pero también la muy apetecible Elsa Pataky es más bien menudita y rompe braguetas, juzgadlo vosotros mismos en Ninette.

El caso es que lo que sucedió en Oxford me turbó.

¿Cómo es posible que yo encontrara atractiva una reproducción de un monete de más de tres millones de años de antigüedad? No sé qué podía ser, si su estudiada pose, su grácil apariencia o sus femeninos rasgos. El caso es que si me hubiera encontrado casualmente con el monete en cuestión por la calle, no habría dudado en jurarle amor eterno.

Pero en la vida real, las historias de amor casi nunca tienen un final feliz. Me fui del museo sin declararle mis sentimientos. El mundo no habría comprendido lo que surgió entre nosotros dos. Ahora, sólo puedo recordarla en soledad. Sólo suspirar por todo aquello que pudo ser y nunca será. Si vais al Museo de Historia Natural de Oxford y la veis, eternamente joven y bella tras su vitrina de la primera planta, decidle que siempre la amaré.

No sé, quizá no todo esté perdido. Quizá si llamo al museo, me den su número de teléfono.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Felicitaciones varias

Un año más, la nieve no ha hecho acto de presencia en nuestra triste y mercantilizada Navidad. Realmente, creo que uno no toma consciencia de que las fiestas están en ciernes hasta que El Corte Inglés no pone las luces y al árbol que habla. Las ahora convenientemente iluminadas avenidas, con tonos azules, blanco y marfil, nos indican que ha llegado el momento de someterse a la dictadura del consumismo navideño desaforado.

A pesar de mi rechazo a estos ataques temporales de amor y bondad, debo reconocer que algo de bueno tienen. El hecho de que, al menos por un breve lapso de tiempo, la gente sienta la necesidad de ser mejor persona, ayuda a recuperar mi fe en la humanidad.

Puede parecer triste, pero al no tener depositada mi fe en la religión, se torna en labor harto complicada el hecho de tener que depositar mis esperanzas en la decadente sociedad actual, sobre todo cuando se trata de votantes del PP y/o ultracatólicos.

Pero entonces recuerdo que los buenos propósitos se esfuman el mismo día 7 de enero, salvo que ese día pille sábado, en cuyo caso el espíritu nos dura 48 horas más.


En definitiva, lo que pretendo es desearos a todos las típicas felices fiestas, con una típica feliz Navidad, un típico y próspero año nuevo, y todos los buenos y típicos deseos que se os ocurran, tanto para vosotros como para vuestros más allegados.

En fin, cuidado con los típicos polvorones, que los carga el diablo, y no os atragantéis con las típicas uvas.

lunes, 22 de diciembre de 2008

¿Rubio ceniza o pelirrojo?

Si digo Kristian Pielhoff, puede que nadie sepa quién es, pero si a este germánico nombre le añado lo de 'el de Bricomanía', uno ya le pone cara barbuda al nombrecillo en cuestión.

Bueno, a decir verdad, sí que hay alguien que sabría situarlo en el programa de televisión adecuado, y ese alguien resultó ser Anabel, también conocida como 'una amiga del Chexpi'.

Celebrábamos el sábado un pequeño ágape en honor a Luisete (Chexpirit) y su tremendo pelazo, con sandwiches de nocilla incluídos, cuando mis escarceos con la bebida me llevaron a una conversación superflua y vaporosa con la muchacha en cuestión, que acabó derivando, aún no sé muy bien cómo, en un intenso debate sobre si Kristian Pielhoff era rubio ceniza o pelirrojo. Misterios de la ciencia y la cerveza.

El que suscribe mantiene que Kristian es rubio ceniza, mientras que Anabel afirma que realmente es pelirrojo. Después de consultar a más de cinco cuartos de la Hermandad, incluídos trabajadores del local, nada quedó claro.

Algo me impulsa a creer que el debate no es tal, y que los resultados están amañados, pues alguno de los entrevistados me confesó posteriormente que había dado la razón a la muchacha con fines puramente reproductivos.

Pero he aquí el debate.

Kristian Pielhoff, ese presentador de Bricomanía que lo mismo te enseña a montar una mesita de noche que una turbina en un reactor nuclear, relativizando al máximo su dificultad, acompañado siempre por su inseparable Íñigo, el hombre que susurraba a los geranios... ¿es en realidad rubio ceniza o pelirrojo?

Juzguen ustedes mismos.

No, no es Darío